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Darse cuenta

Darse cuenta. El Coaching pretende alcanzar metas a través de objetivos intermedios. Como un alpinista que pretende conquistar el Everest necesita ir progresando por los diferentes campamentos intermedios hasta alcanzar la cima, su meta.

A menudo alcanzar un objetivo se traduce en efectuar algún cambio en uno mismo para poder lograrlo.

Imaginemos que en mi trabajo el jefe directo está cerca de la jubilación y quiero ese puesto para mí, cumplo con el perfil requerido aunque me llevo mal con un par de compañeros. Algo que a priori me descartaría para ese puesto.

Objetivo intermedio: relacionarme de otra forma. (¿Incluso aunque no aspire a ese puesto?)

Es fundamental darse cuenta de lo que me pasa, a mí con el otro. Evidentemente se despierta en mi un patrón de relación que necesito traer a la conciencia, y también un desencadenante de dicho patrón. Necesito saber lo que me pasa cuando me relaciono con esta persona, como, cuando, donde…me pasa.

Por otro lado necesito conocer lo que siento cuando me pasa esto, cuáles son los sentimientos y emociones que se despiertan alrededor de este patrón de relación. Que se despierta en mí?: Rabia, impotencia, orgullo, enfado, miedo, odio, impaciencia…

Además, también necesito tener presente cuál es el impulso que se despierta en mí al dispararse dicho patrón. Actúo el impulso que se despierta  o lo reprimo, tensiones y dolores, me enfrento, me retiro, me vengo, agredo verbal o físicamente, me crezco o me hago pequeño…

El verdadero darse cuenta implica darse cuenta en estas tres áreas diferenciadas: intelectual, afectiva y corporal-instintiva, si nos quedamos solo en el darse cuenta racional no sirve para realizar un verdadero cambio. Decía Fritz Perls que quedarse solo en esta parte es caca de elefante, no sirve para efectuar cambios.

Después de darse cuenta de cómo es mi experiencia en estas tres áreas necesito aceptarme, necesito aceptar lo que me pasa en mi, darme cuenta, responsabilizarme de lo que me sucede a mí, de lo mío, ya que si no lo hago, responsabilizo al otro, lo pongo fuera, con lo que le estoy exigiendo el cambio al otro, (que cambiará o no en función de sus necesidades y de su capacidad para el cambio) me pongo por encima del otro y jamás realizaré un auténtico cambio.

La clave del cambio está en un darse cuenta profundo y en la aceptación, sólo a partir de estas premisas se puede efectuar un verdadero cambio.